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Tres generaciones de Abascal frente a ETA
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La vida del presidente del PP en el Valle de Ayala y la de su familia están marcadas por más de 40 actos violentos.
Manuel Abascal Pardo recibió una carta de ETA en marzo de 1981. La organización terrorista le pedía 10 millones de pesetas «en billetes usados y con numeración discontinua o en su defecto en francos franceses el equivalente a esta cantidad» y le invitaba a establecer contacto con ETA «en San Juan de Luz, Biarritz o Bayona» para hacer el pago.
«Si no hace la entrega en el plazo fijado, le buscaremos hasta ejecutarle. Si avisa a la policía o, en la entrega sucede cualquier contratiempo del tipo que fuera, será igualmente ejecutado, aunque salga de Europa», acababa el escrito de extorsión de ETA.
Eran momentos de una convulsa situación política también en Alava.En el Valle de Ayala, en Amurrio, donde vivía entonces y vive ahora la familia Abascal, la organización terrorista mataba ese mismo año, el día de Santa Ana, a Félix Galíndez, un representante de 54 años acusado por la banda de colaborar con la Guardia Civil.
Resultaba difícil imaginar entonces cuánto debía padecer todavía la sociedad vasca por el terrorismo etarra. Los Abascal tampoco eran conscientes de la fortaleza moral que deberían demostrar en los años siguientes, ni hasta qué punto la situación política cambiaría sus vidas durante tres generaciones.
Santiago Abascal Escuza, uno de los siete hijos de Manuel Abascal Pardo, testificó ayer en la Audiencia Nacional en el proceso que se sigue contra Guillermo Merino, uno de los integrantes del comando Vizcaya de ETA, junto al fallecido en la explosión de Bolueta Patxi Rementería, que tenía previsto asesinarle en diciembre de 1999. Antes de ser detenidos por la Policía, ambos habían comprobado la información facilitada por la cúpula de la banda sobre los movimientos del portavoz del PP en las Juntas de Alava y concejal de Amurrio. Estuvieron muy cerca de lograr su objetivo. Sólo les entretuvo la preparación de la huida. La tregua de ETA se acaba de romper.
«Boom, Blanco, Abascal»
Abascal salvó la vida como lo había hecho en 1997, cuando otro comando Vizcaya, pensó en acabar con su vida mientras montaba a caballo. Los dos liberados resultaron muertos en un tiroteo con la Guardia Civil. Fue el año del asesinato de Miguel Angel Blanco. La memoria de Santiago Abascal -Santi para todos los que le conocen- está llena de los episodios provocados por el odio de unos y la indiferencia de otros. Recuerda que cuando la corporación de Amurrio preparaba un texto para condenar la quema de su tienda de ropa con cócteles molotov, un concejal nacionalista apuntó «parte, por parte de la tienda, no toda».Fue en febrero de 1999. Dos años antes la pintura de ETA había dejado sus huellas en la puerta: «Abaskal hiltzaile (asesino).Abascal hijo puta. Gora ETA».
Las pintadas contra Santi Abascal y su hijo, Santiago Abascal Conde, presidente de Nuevas Generaciones y concejal de Llodio, se han convertido en un lamentable clásico en el Valle de Ayala.El apellido en un punto de mira ya no sorprende. «Abascal faxista.Te vamos a matar ya», «Abascal, puto cerdo carcelero. Ten cuidado», «Abascal, tiro en la nuca», «Boom, Blanco, Abascal». La lista es interminable.
Carteles, amenazas telefónicas, concentraciones frente a la vivienda familiar... En este lamentable capítulo tiene un sentido simbólico el hecho de que los caballos de Santiago Abascal aparecieran una mañana pintados. «PP hijos de puta. Gora ETA», rezaban algunos lemas. «Me siento como un judío en la Alemania nazi», explicó entonces este comerciante al que el PP le debe buena parte de su implantación en el Valle de Ayala.
«Todo lo que nos ha pasado y lo que nos está pasando está dirigido al exterminio político. No pueden admitir que se defienda la libertad en Amurrio, en Llodio, en otros muchos pueblos. Quieren que no haya sitio para nosotros», explica Abascal Escuza con una naturalidad que sorprende.
«La ETA de los sprays»
Su hijo ha tenido que soportar el acoso de los radicales también en la Universidad de Deusto, donde estudia Sociología. Cientos de pasquines, pintadas en las pizarras que ni los profesores se atrevían a borrar durante las clases. Para Abascal Conde «es la ETA de los sprays, la que presionaba a su manera, mientras la ETA de las pistolas intentaba matarnos».
Quiso hacerlo el comando Gaua en Vitoria, en noviembre de 2000, cuando fue elegido presidente de Nuevas Generaciones y acudió con otros 200 jóvenes a una cena en un restaurante de la zona universitaria. Los terroristas no tuvieron éxito una vez más.
El testimonio del joven Santiago Abascal forma parte del texto de 12 folios que las víctimas de ETA han aportado como prueba al proceso de ilegalización de Batasuna. El presidente de Nuevas Generaciones, el nieto del Manuel Abascal que recibió la carta de ETA en 1981, quiso recordar el lunes de la semana pasada en la presentación del documento todos los hechos que otro hubiera preferido olvidar, desde el primer intento de atentado contra su padre, protagonizado por el comando Araba en la primavera de 1997, hasta la lista incautada al comando Donosti en octubre de este año, en la que aparecen como objetivos de la banda terrorista Abascal Escuza y Abascal Conde, Santiago de nombre los dos.
«La gente tiene miedo de ir a mi tienda»
MARIA PERAL
MADRID.- Desde el mismo instante en que entró en la sala de vistas y comenzó a hablar ante el Tribunal -«juro decir la verdad»-, empezaron a oirse entre el público comentarios despectivos y a percibirse gestos de desaprobación. Claro es que la mayoría de quienes ayer presenciaron en la Audiencia Nacional el juicio a los 10 miembros y colaboradores del comando Vizcaya de ETA eran familiares y amigos de los acusados, que no dejaron de hablar, sonreír y abrazarse entre ellos y saludar a los suyos a través del cristal blindado.
Llegó con las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta verde.Y con la serena resignación de quien sabe que es «un objetivo clarísimo de ETA» resumió seis años de su vida en los cinco minutos que duró su declaración.
Testigo del fiscal, ninguno de los abogados defensores hizo preguntas a Santiago Abascal Escuza, que quiso declarar sin protección visual respecto de los acusados. Las cortinillas que desde la pecera impiden ver a los testigos -sistema utilizado cuando comparecen militares, policías o ertzainas- se levantaron para recibir a quien dijo ser «vecino de Amurrio, concejal y juntero, presidente del PP en el Valle de Ayala».
¿Ha recibido usted amenazas?, le preguntó el fiscal Santos. «De seguido. Llevo ya aproximadamente cinco o seis años en esta situación y he tenido todo tipo de amenazas, a mí, a mi negocio, que me lo han quemado, pintadas, insultos... Todo lo que se pueda usted imaginar de esta banda de mafiosos». Hubo risas entre el público, pero Abascal, curtido en peores trances, siguió declarando sin inmutarse.
No se detuvo en los dos atentados que ETA ha preparado para liquidarle, pero sí narró la «conmoción psicológica» en la que vive su familia y que afecta a quienes le rodean. «Tengo un negocio de ropa, que abro a las ocho de la mañana. Mucha gente tiene miedo a acercarse a mi tienda...».
En un piso franco utilizado por los acusados, la policía encontró una detallada información y dos fotos de Abascal. Ayer se enfrentó a quienes no han podido con él. Y se marchó tranquilo.
EL MUNDO, 24/12/2002
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