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El necesario consenso nacional para la Educación
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Intervención de José Mª Segura durante la sesión de apertura del seminario 'El Pacto Escolar. Necesidad de un consenso nacional en materia de educación', organizado por la Fundación para la Libertad, que tuvo lugar en la Universidad Autónoma de Madrid los días 5 y 6 de noviembre de 2008. (Contenidos del Seminario)

José Mª Segura:
Estimados amigos:
Me vais a permitir que, ya que no soy experto en temas educativos, pero sí comprometido en el tema de la libertad, haga una introducción un tanto exótica de estas jornadas.
En ellas se va a hablar de contenidos educativos, desarrollando ese derecho fundamental que reconoce el artículo 27 de nuestra Constitución: “Todos tienen el derecho a la educación”; añadiendo: “Se reconoce la libertad de enseñanza”. Se va a hablar y debatir aquí del derecho a ser educado de acuerdo con las convicciones de todo orden que dan sentido a la vida de cada uno, para el mejor desarrollo de su personalidad como sustento y fundamento del orden político y de la paz social. Se va a hablar del derecho a ser educado para el orden político y paz social, teniendo como modelos la tolerancia y la convivencia; teniendo en cuenta, junto con la libertad del enseñante, el respeto a la libertad ideológica y de conciencia de quienes reciben la enseñanza, dentro del ámbito constitucional señalado: el orden político y la paz social, la tolerancia y la convivencia. Y dentro de este marco se va a hablar de cómo lograr una mayor calidad en la enseñanza.
Ahora me gustaría a mí esbozar otro aspecto del problema que, no siendo muy visible en nuestro programa, es un “prius” respecto de todo lo anterior: el problema de la lengua en la que hay que educar. Y es que en el principio era el “logos”: en el principio, antes de la educación y de sus contenidos, está la palabra… Dejando bien claro que no quiero ni tocar el tema hoy presente en toda la prensa diaria, de la defensa de determinadas lenguas, evocando incluso el discurso de Don Quijote sobre el aparejamiento entre “las armas y las letras”. Recordando a nuestro poeta Blas de Otero, aparte de los problemas que se van a tratar en estas jornadas: “¡nos queda la palabra….!”.
En un país plurilingüe como es nuestra España es necesario clarificar en qué lengua se va a desarrollar el proceso educativo: en el que desee el enseñante o en el que quiera recibir el educando. Y cuando digo “enseñante” me refiero más que al propio profesor, al poder político que organiza el sistema educativo. Porque desde una Fundación dedicada a la defensa de la libertad, que sólo puede estar basada en el Derecho, es importante definir a quién corresponde este derecho de elección de la lengua vehicular para la educación.
El artículo 3 de nuestra Constitución dice muy claramente que: “El castellano es la lengua española oficial del Estado”, y que “Todos los españoles tienen derecho a conocerla y el derecho a usarla”. Y el Estatuto de Autonomía del País Vasco, en sus puntos 1, 2 y 3 del artículo 6, ratificando la Norma constitucional, dice:
“1.- El euskera, lengua propia del Pueblo Vasco, tendrá, como el castellano, carácter de lengua oficial en Euskadi, y todos sus habitantes tienen el derecho a conocer y usar ambas lenguas.
2.- Las instituciones comunes de la Comunidad Autónoma, teniendo en cuenta la diversidad socio-lingüística del País Vasco, garantizarán el uso de ambas lenguas, regulando su carácter oficial, y arbitrarán y regularán las medidas y medios necesarios para asegurar su conocimiento.
3.- Nadie podrá ser discriminado por razón de la lengua.”
No quiero aceptar el origen pesimista de la diversidad lingüística como castigo, del que se nos habla en el mito de la Torre de Babel. Tal mito descansa en la idea de un inicio del género humano con un solo hombre y una sola mujer, y lógicamente con una sola lengua, que por la desunión humana se fué diversificando. Más bien la historia nos demuestra que la orientación es la contraria: el plurigenismo, el nacimiento por evolución espontánea de muchos hombres y mujeres en diversos lugares, conformaron el origen natural de muchas lenguas o formas de comunicarse; en un principio tantas como parejas y luego como clanes familiares. Y sólo la relación entre los componentes de los diversos clanes fue iniciando una unificación de las lenguas. A lo largo de la Historia, y hoy mismo, lo que la Humanidad conoce es una tendencia hacia la unificación lingüística con la desaparición constante, incluso a día de hoy, de múltiples lenguas. En fin, se podría traer aquí a cuento el chascarrillo que utilizaba Unamuno para deshacer el mito de que todos venimos de Adán y Eva: tú cuantos padres tienes, dos; y abuelos, cuatro; y bisabuelos, ocho. Y cuanto más arriba más gente…
Incluso esta tendencia unificadora se ha intentado crear artificialmente, como sucedió con el esperanto. Y sigue actuando imparablemente de modo natural con el “spanglish” americano. De mí puedo decir que durante mi primera estancia en Francia, en el Instituto de Tour, en un curso veraniego para extranjeros, nos entendíamos en francés perfectamente los alemanes, los ingleses, los italianos y los españoles; pero si se nos acercaba un francés no entendíamos nada…
Sin entrar en cómo se logró la unificación lingüística en Francia o Alemania, y las causas de la supervivencia de diferentes lenguas en España, para lo que me remito al excelente ensayo de Irene Lozano (“Lenguas en guerra”), pero en lo que tanto influyó la Iglesia española, lo natural en el hombre es limar diferencias: eso está en los ejes de la convivencia y la tolerancia, ejes de nuestro sistema educativo constitucional. Y sin embargo, en mi País Vasco se ha querido por todos los medios hacer lo contrario, para separar la lengua vasca del castellano: suprimir el sonido débil de la “c” por la “z” y su sonido fuerte por la “k”, para que ya no exista ni el “abecedario”, que ahora tendrá que ser, al no existir la “c”, “abedario”; hacer que la “g” en todo caso tenga el sonido de “gu”; suprimir la “ch” por una “tx”; cancelar la “y”; suprimir la “v” sin más preocupaciones, intentando ahora la supresión de la “ñ”; y, en fin, configurar un santoral onomástico en el que, aparte de recuperar raíces de otras lenguas no latinas, los masculinos, al contrario que en castellano, acaben en “a”, (por ejemplo Luis que sería “Koldobika”, del Clodoveo franco), con una excepción: Sabino, porque el fundador del PNV se llamaba así y no quiso pasar a llamarse Sabina: este nombre se quedó en Sabin. Quisiera ver, ¡y lo veo!, a los descendientes del ALMIRANTE CHURRUCA pasear por San Sebastián, y al ver una calle llamada ‘TXURRUKA’ identificarla con su antepasado.
Todo esto, aquí suena a broma; pero es una broma pesada. La realidad es más grave y viene a confluir en otro tema importante puesto sobre el tapete: los derechos de las lenguas y los derechos de los pueblos. Fácilmente nos damos cuenta de que una lengua no puede tener derechos, como tampoco tiene obligaciones. Las cosas, sean corporales o incorporales, da al ojo que no pueden ser sujetos activos ni pasivos de derechos, salvo que queramos recordar la bola de piedra de un puente madrileño, que estuvo durante años metida en una mazmorra porque su caída provocó la muerte de un viandante. Tampoco los pueblos son sujetos de derecho: las personas que integran una determinada comunidad podrán verse regidas por unas normas específicas, como es el Estatuto Vasco de Autonomía, las cuales para ser aceptadas por ellas habrán tenido en cuenta las cualidades específicas de los ciudadanos que las hayan aprobado y a los que van dirigidas.
Sin embargo, quienes quieren diferenciar a una comunidad de personas –decaída por impresentable la idea genética– han recurrido con vigor a la idea de la “lengua propia” de un determinado pueblo. Sea vasco, catalán o gallego. Se trata sin más de potenciar algo que haga a una comunidad diferente de otra. Y a mí me basta para comprobarlo, además de toda la experiencia existente a mi alrededor, y de lo que se ha dicho con anterioridad, algunos ejemplos.
- Cuando, en una larga estancia en Collado-Villalba, la Fundación Encuentros reunió a múltiples personalidades catalanas para tratar de la ‘cuestión catalana’, al comentar Vázquez Montalbán cómo las mujeres de la limpieza, que iban con él en el metro a horas tempranas, comentaban en castellano una serie de televisión emitida en catalán, para demostrar que en Cataluña no había problema de entendimiento lingüístico, un alto ‘mosen’ asistente exclamó: “¡ese es el problema, que no tienen por qué saber castellano!”.
- Y cuando, en Aya, pueblecito de Guipúzcoa cercano a Orio, allá por los años 80, había una ikastola y una escuela en castellano, al reunirse los niños hablaban entre ellos en el recreo, practicándose por todos el castellano, el alcalde decidió que los recreos se dieran a horas diferentes.
La mala conciencia de algunas personas, dada la ausencia de educación en vascuence en otros lugares autóctonos durante el franquismo, inauguró la llamada discriminación positiva para compensar los daños sufridos. Y entiendo que debía de ser así, siempre que por tal discriminación positiva se entendiera dar más al colectivo euskera-parlante para compensar de lo dado de menos. Pero de hecho, la política lingüística seguida ha sido diferente: dar menos a los castellano-hablantes por los daños sufridos, como si todos los castellano-hablantes fueran los culpables de las restricciones anteriores.
Y ahora tenemos de hecho la gran dificultad, que llega a la imposibilidad práctica de que los castellano-hablantes, pese al visto artículo 3 de la Constitución y 6 del Estatuto de Autonomía del País Vasco, puedan ser educados en su lengua materna. Y haré un brevísimo excurso por lo que esto significa.
Esa lengua aprendida, desde del vientre de la madre al escuchar su habla, es el vehículo más idóneo para la primera educación. El niño podrá aprender otras lenguas, y bien está que en los programas educativos se antepongan las lenguas cooficiales a las extranjeras, en mi caso el vascuence al inglés, por el mandato constitucional de educar para la convivencia, y porque la norma correspondiente ampara el derecho, no el deber, a utilizarla. Pero sin alterar que la lengua vehicular sea la materna, si así lo desea el educando, ejerciendo su derecho representado por sus padres en la minoría de edad. Lengua materna en la que los padres, que son castellano-hablantes, podrán ayudar a sus hijos completando las tareas escolares, complemento tan importante que algunos colegios en lengua extranjera (alemán por ejemplo) no admite alumnos cuyos padres no tengan un cierto nivel de alemán. Lengua materna vehicular que servirá para aprender mejor otras materias. Churchill nos dice en sus memorias que él profundizaba más en su conocimiento del inglés porque esto le permitía sacar mejores notas en matemáticas.
Hoy en día, en lo que atañe a la libertad de las personas, en relación al derecho que se les reconoce por la citada legislación vigente, estamos bajo mínimos en cuanto a las medidas directas establecidas por los poderes autonómicos en materia de elección de lengua vehicular para la educación. Pero es que además, la presión aumenta mediante acciones indirectas de no menos eficacia. Por ejemplo, en el País Vasco existe, aunque ya sea en vías de extinción, un modelo educativo llamado A, que consiste en que los contenidos, sean matemáticas, conocimiento del medio, etc., se den en español, añadiendo una clase de euskera. Tal modelo se eliminará porque se ha demostrado, según las autoridades educativas, que así no se acaba sabiendo, dominando, una lengua tan complicada como el vascuence. Entonces se hace especial hincapié en la elección del modelo D, en el que todo se estudia en euskera, se domine o no tal lengua, con una clase de castellano. Y las estadísticas demuestran que de los que han estudiado con tal modelo, tan sólo dos terceras partes (68%) han acabado sabiendo vascuence al nivel del “first certifícate” de la lengua inglesa. ¿Que habrán aprendido de las materias estudiadas en tal lengua? Pero además, sin que hayan podido ser apoyados por sus padres en el estudio, por desconocer la mayoría de ellos esa lengua, impuesta como vehicular. Precisamente por esto es corriente que los padres que no conocen el euskera( ¡más de las dos terceras partes de la comunidad vasca!), cuando quieren ayudar a los hijos en sus estudios, adquieran los textos en ambas lenguas, para poderles explicar en castellano lo que sus hijos deben de repetir luego en euskera.
¿Por qué, entonces, no hay mayor presión para estudiar en el modelo A? Muy sencillo: por la presión mediática, que amenaza con no encontrar trabajo en el País Vasco si no se sabe euskera, aparte del temor genérico que, dada la violencia en el ambiente, existe a plantear públicamente una resistencia a las tesis nacionalistas. ¿Y por qué no hay una mayor presión en los colegios concertados, ya que la escuela pública la dirige directamente un gobierno nacionalista? Por el temor dicho, añadido al temor de perder las subvenciones. ¿Y por qué no hay colegios privados en los que, como el francés o el alemán, se pueda estudiar con el mencionado modelo A? Porque las congregaciones religiosas, principales organizadoras de estos colegios privados, aparte de vivir inmersos en una iglesia local nacionalista, no quieren colegios elitistas, al no estar subvencionados, que los separe de la gente más necesitada, no comprendiendo que a veces la necesidad, la pobreza, no sólo proviene de la falta de dinero, sino también de la falta de libertad, gran pobreza ésta donde las haya. ¿Y por que el Estado Español, al menos por ahora, no ha apoyado económicamente escuelas en español como el francés o el alemán apoyan las escuelas en tales lenguas…?
¿Qué hacer? Tan sólo esperar que el sentido constitucional del PSOE y del PP llegue a establecer un pacto para todo el Estado Español que haga efectivo el cumplimiento de lo establecido en el artículo 3 de la Constitución: el poder ejercitar todo ciudadano su derecho a ser educado en la lengua oficial de su lugar de residencia que él elija, incluso regulando la obligación de estudiar las otras lenguas oficiales de dicho lugar, en aras de la mejor convivencia para la que debe ser educado.
José María Segura Zurbano, 5/11/2008
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