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Creían los socialistas que los concejales de ANV dimitirían en masa si ETA volvía a matar. Desde que la banda asesinó a Isaías Carrasco, el saldo de los esfuerzos para arrebatarles los gobiernos locales ha sido más bien magro: 42+1-1=42. Seguimos igual, tras el ridículo de las mociones éticas. El Gobierno ha prometido desalojar a los 42 en primavera. Me conformaría con que no se les colaran otra vez en las autonómicas.
El salón de Plenos del Ayuntamiento de Azpeitia está presidido por un retrato institucional del lehendakari, que posa con las manos cruzadas por delante, una ikurriña a su derecha y un fondo de biblioteca con lomos uniformes, que muy bien podría corresponder a una enciclopedia Larousse, si no fuera porque el equipo gobernante hasta ayer mismo mostraba una radical incompatibilidad con la ilustración, en general, y con los productos franceses en particular. No llevaba mucho tiempo gobernando; Azpeitia era uno de los tres municipios que ANV arrebató al partido-guía después de las elecciones de mayo de 2007.
La marca dudosamente blanca de Batasuna obtuvo 439 concejales que le permitieron gobernar 42 ayuntamientos, 25 de ellos por mayoría absoluta. O sea, inexpugnables. Esto es parte del barrizal que trajeron aquellos polvos del proceso de paz. Desde que hace mes y medio fue asesinado en la localidad el constructor Ignacio Uria ha costado Dios y ayuda poner en marcha una moción de censura contra ANV, que gobernaba con el apoyo de sus seis concejales, dos de Eusko Alkartasuna y uno de Aralar. La moción fue aprobada por los pelos, ya que Aralar se abstuvo y los dos concejales de EA repartieron sus votos. Al PNV, con ocho concejales, le bastaba uno más para tener la mayoría.
Ya sólo les quedan 41 ayuntamientos, dirán ustedes, si tienen el día optimista. Pues no, les siguen quedando 42, porque la semana pasada consiguieron la Alcaldía de Busturia, cedida caballerosamente por EA, en virtud del pacto que habían suscrito entre abertzales en mayo de 2007.
EA es socio de Ibarretxe en el Gobierno vasco desde hace 10 años y medio, pero estas nimiedades no parecen afectar al lehendakari ni a su extraña percepción del interés general que ayer reclamaba al candidato mejor colocado para disputarle el cargo, después de pasarse dos legislaturas de balde, el tío, con la consulta por programa de Gobierno. La moción de censura ha quitado un ayuntamiento a ANV, después de que un socio del Gobierno le haya regalado otro en un acto de esquizofrenia que revela su crisis interna. El día antes del pleno, siete concejales de EA, encabezados por el alcalde de Zarauz, escribieron una carta a su partido en la que afirmaban principios tan razonables como que «los acuerdos con quien justifica la violencia debilitan las instituciones», pero el presidente de su partido no concibe esa razón y no habrá más mociones de censura.
«ETA es un cáncer para Batasuna», dijo el lehendakari en una arriesgada metáfora médica. Con más rigor literario, pero con el mismo ojo clínico, creían los socialistas que los concejales de ANV dimitirían en masa si ETA volvía a matar. Desde que la banda asesinó al socialista Isaías Carrasco en Mondragón, el saldo de los esfuerzos democráticos para que los amigos de los terroristas satisfagan esas expectativas ha sido más bien magro. 42+1-1=42. Seguimos igual, después del ridículo de las mociones éticas. De momento, parece que es mucho más nocivo para la salud de Eusko Alkartasuna. Y para las instituciones democráticas. El Gobierno ha prometido desalojar a los 42 en primavera. Me conformaría con que no se les colaran otra vez en las autonómicas. Veremos.
Santiago González, EL MUNDO, 19/1/2009
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