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Ensombrecido aniversario
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Pocos años después de aprobado el Estatuto, el nacionalismo ya gobernante lo concebía como una emanación de ese 'derecho natural' de los vascos de aspirar a un horizonte ilimitado de atribuciones. Por tanto, más como un instrumento que como un punto de encuentro; y más como un pacto entre Euskadi y el Estado que como un acuerdo interno entre los vascos.
La conmemoración del trigésimo aniversario del Estatuto de Gernika evoca un momento de excepcional importancia para la historia política de los vascos; el instante que dio lugar a esto que llamamos Euskadi como comunidad política democráticamente integrada. La redacción del texto estatutario tras la elaboración de la Constitución supuso, en gran medida, un ejercicio realizado en el vacío, sin otro andamiaje que el de la voluntad de autogobierno y el ánimo de libertad. En aquel momento nadie podía estar seguro de lo que iba a ocurrir al día siguiente. Nadie podía tener una visión certera sobre cómo iba a desarrollarse el autogobierno. Y desde luego nadie hubiese sido capaz de predecir que, treinta años después, la Euskadi política no contaría con un concepto unitario del autogobierno, e iba a mostrarse dividida respecto a la conmemoración del 25 de octubre de 1979.
Muy pocos años después de aquel referéndum, el Estatuto comenzó a ser tratado por los partidos y las instituciones como si fuese un bien de todos hacia el que nadie se sentía especialmente vinculado. El nacionalismo ya gobernante lo concebía como una emanación lógica de esa especie de derecho natural que conferiría a los vascos la potestad de aspirar a un horizonte ilimitado de atribuciones. Lo cual le llevaba a entender el Estatuto más como un instrumento que como un punto de encuentro; al tiempo que lo concebía más como un pacto entre Euskadi y el Estado constitucional que como un acuerdo interno entre los propios vascos. Aunque el lento y tantas veces equívoco proceso de transferencias describe una trayectoria contradictoria en un PNV capaz de calificar como maximalismo estéril la gestión de Garaikoetxea, para anunciar tras su salida de Ajuria Enea sucesivos «acuerdos históricos» con el Gobierno central en materia competencial, y acabar denunciando globalmente el incumplimiento del Estatuto como justificación última del plan de desbordamiento pergeñado por Ibarretxe.
El balance entre las competencias asumidas por Euskadi y las pendientes de transferencia no sólo es abrumadoramente favorable a las primeras, sobre todo teniendo en cuenta su naturaleza. Además, es evidente que el autogobierno real ha situado al alza la autonomía nominal derivada de la suma de las competencias transferidas. Pero, llegados a este punto, tanto los protagonistas del acto reivindicativo jeltzale de hoy en Gernika como los de la conmemoración institucional que se celebrará mañana en Ajuria Enea deberían comenzar por responder a la pregunta de por qué quedan aún pendientes treinta y seis competencias. El nacionalismo gobernante entendió siempre que la única interpretación posible del contenido de cada una de las transferencias pendientes era la suya, cuando hay cuestiones como el del régimen de la Seguridad Social que están sujetas a una discusión que los propios redactores del Estatuto no parecen en condiciones de dilucidar. Por su parte, los integrantes de la mayoría del cambio no tienen por qué hacerse cargo, en sentido estricto, de los incumplimientos competenciales. Pero tampoco pueden sacudirse su responsabilidad de ahora, escudándose en que el nacionalismo actúa con cicatería en este aniversario.
Resulta profundamente desconsiderado respecto a la historia de los vascos que las treinta y seis competencias pendientes hayan servido en los últimos años para catapultar un proyecto soberanista que al final resultó fallido y para ensombrecer estos días el 30 aniversario del Estatuto. Como resulta sospechoso que una cultura política como la nacionalista, tan dada a sublimar todo lo simbólico, actúe en este tema con extrema severidad respecto a los déficits del Estatuto. Hubiese bastado con que algunos de quienes hoy reivindicarán el cumplimiento íntegro del texto estatutario en Gernika acudieran mañana a la conmemoración organizada por el Gobierno vasco, compensando así el reparto de papeles que el EBB diseñó para la manifestación del pasado sábado en San Sebastián.
Pero todo ello no es óbice para considerar que Patxi López tuvo tiempo antes de llegar a la Presidencia para clarificar su posición en esta materia, y que después ha tenido ocasión para desatascar algo más que una transferencia de las políticas activas de empleo, negociada en términos pragmáticos. Bastaría con que dijese que el cumplimiento sin demora de las previsiones del vigente Estatuto sería el punto de partida inexcusable del consenso preciso para una reforma que suponga su mejora.
Porque de la misma forma que las transferencias pendientes no pueden justificar el salto al vacío que entrañaba el 'plan Ibarretxe', tampoco pueden ser rehenes de la falta de consenso respecto al futuro del autogobierno. Son competencias sujetas, unas más y otras menos, a interpretación en cuanto a su significado y alcance. Dado que la disponibilidad presupuestaria no permitirá grandes alardes al nuevo Gobierno, está en su mano convencer al Ejecutivo central sobre la oportunidad de que se desprenda de competencias que el Estatuto concede a las instituciones vascas.
Kepa Aulestia, EL DIARIO VASCO, 24/10/2009
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