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La decisión de los vascos
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Más para responder a la retórica nacionalista que para explicar el sentido profundo del Estatuto, el lehendakari dijo ayer que el texto garantiza "el derecho a decidir" de los vascos. A lo mejor, si les preguntan, éstos terminan decidiendo que los políticos se pongan a trabajar para ellos y que, si quieren hacer otra cosa, que lo expliquen claramente.
La discusión sobre el Estatuto de Autonomía del País Vasco no es ajena a la grandilocuencia que ha presidido las reformas de otros, ya sean de comunidades "históricas" o no. El poco respaldo que han tenido las urgentes y profundas necesidades de los políticos reformadores en sus respectivas opiniones públicas (y en algún caso en las urnas) revela que, sin quitar importancia al asunto, no está entre la preocupaciones fundamentales del electorado la bilateralidad del nuevo Estatuto de Cataluña, aún pendiente de la sentencia del Tribunal Constitucional, o la llamada "fórmula Camps" para no ser, en lo que a competencias se refiere, menos que otros. No es que los ciudadanos den la espalda a estas normas fundamentales en la estructura del poder autonómico, pero sí que aquello en lo que parece que se juega la vida de algunos políticos no es, desde luego, el territorio principal en el que se juega la del común de los mortales, más preocupados en que la maquinaria funcione y preste servicios que en la denominación de origen del aparato.
En el País Vasco, como el Gobierno de López y sus socios del PP, se han empeñado, muy lógicamente, en hacer bandera del Estatuto como el resultado de un consenso nunca antes ni después logrado; los nacionalistas se han rebelado contra el símbolo y su significado. No sólo no han querido asistir a los actos institucionales sino que, alternativamente, se han reunido en Gernika para denunciar su incumplimiento elevando unos cuantos grados el tono de las quejas. Sin embargo, nadie puede pensar seriamente que esa cuestión esté gravando las conciencias y la vida de los ciudadanos, sean o no nacionalistas, en un escenario de crisis económica, paro, ausencia de recaudación para la prestación de servicios, violencia terrorista, etc. A fuer de ser sinceros, habrá que aceptar que ni entre los ilusionados con el cambio en Ajuria Enea ni entre los amargados porque los suyos hayan tenido que abandonar el palacio vitoriano el motor de las dichas y las desdichas es la esencia del Estatuto, sino la posibilidad de ejercer sus competencias, que es algo que resulta más palpable.
Es evidente que el Estatuto, como toda ley, es perfectible y en absoluto un texto sagrado e intocable. Pero no hay manera de que su reforma o su cumplimiento se convierta en tema de preocupación ciudadana e incluso de debate político serio. El PNV, un día, denuncia su incumplimiento y, al siguiente, como si su cumplimiento fuera una bagatela, afirma que, a estas alturas, es necesaria otra cosa, como otra cosa, y no una reforma del texto, era el anticonstitucional Plan Ibarretxe. Aún más, cuando se habla de incumplimiento se mezcla lo pendiente, que es poco, con lo que se ha pretendido que se transfiera más allá de la ley y de la lógica. Todas las transferencias pendientes en torno a la Seguridad Social se han pretendido conseguir por los gobiernos nacionalistas rompiendo la Caja Única, algo que ni puede ser aceptado por los distintos gobiernos españoles ni, ciertamente, conviene a los ciudadanos vascos que, en esta materia, se benefician de la solidaridad del resto de los españoles. Añádase que los socialistas vascos se han pasado años diciendo que eran partidarios de la reforma del Estatuto, lo que les parecía muy vasquista y propio para establecer lazos con los nacionalistas, sin que en ningún momento se haya concretado qué es lo que había que reformar, y en ese contexto, algunos de ellos eran partidarios de la reforma mientras se mantenía el famoso "proceso" pero no después. El Estatuto de Gernika, más que un tema de discusión, parece una disculpa para marear la perdiz.
Más para responder a la retórica nacionalista que para explicar el sentido profundo del Estatuto, el lehendakari López dijo ayer que el texto garantiza "el derecho a decidir" de los vascos. A lo mejor, si les preguntan, éstos terminan decidiendo que los políticos se pongan a trabajar para ellos y que, si quieren hacer otra cosa, lo mejor es que lo expliquen claramente.
Germán Yanke, la ESTRELLA DIGITAL, 26/10/2009
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