|
Jaque mate
|
 |
|
El resultado lucrativo de la operación para los piratas sugiere poco del valor preventivo que el Gobierno haya podido generar. Las informaciones que llegan de los pueblos somalíes de los clanes piratas son inquietantes: secuestrar barcos españoles es una fuente de riqueza para poblaciones deprimidas, una fuente de riqueza con coste cero.
Ya no es necesario poner el libertad a los piratas del 'Alakrana' encarcelados en España. Ni expulsarlos a su país, ni medirles más los huesos para conocer si son abuelos. La ansiedad ha prescrito. El rescate se ha pagado y el jefe de los piratas podrá construirse un chalé de diseño en la costa para su clan, como era su intención. Por muchas promesas que el Gobierno o sus intermediarios hayan firmado ante los bufetes londinenses, la liberación de la tripulación del atunero vasco también convierte en papel mojado cualquiera de esas promesas. Un pirata somalí tiene poca autonomía en tierra firme española, o sea, que no van a venir a por Zapatero por no cumplir su palabra. Así que, aunque se hubiera asegurado con rúbrica oficial y quince sellos que la pareja pirata arrestada bajo el Derecho español iba a ser expulsada a Somalia en cuanto el barco fuera liberado, esta premisa eventual se ha esfumado por arte del pago. Y probablemente a nadie le importa. Los piratas somalíes encontrarán las cárceles españolas infinitamente más confortables que la perra vida que tenían en las cuevas africanas en las que vegetaba su existencia pre-alakranesca. A las familias de ambos piratas tampoco les preocupará en demasía que sus retoños no vuelvan, puesto que, además de haber colocado a sus hijos en un hotel de barrotes con comida y compañía durante veinte años en España, igual esperan algún dinero del sobrante de la casa que levantará en su honor Hussein Badmax, el autoinvestido líder del grupo corsario. Incluso puede que Badmax bautice su nuevo chalé con el nombre de 'Alakrana'.
Es de suponer que pagar el rescate ha sido la mejor opción. Era el gran estratega prusiano Clausewitz quien destacaba el genio militar como el ingrediente más valioso del planeamiento en el campo de batalla. También que la estrategia militar está supeditada a la política. En este líquido campo de pesca de atuneros en que los piratas somalíes han convertido el Océano Índico hemos de pensar que, de entre las alternativas tácticas, poner dinero en Somalia era la que mejor optimizaba los intereses españoles. La pregunta, por tanto, es plantearse cuáles eran y son los intereses españoles. De entre los posibles, el más evidente es la liberación con salud de los rehenes. Ése ya se ha logrado pagando. Es decir, ese problema ha sido resuelto con una operación de rescate dinerario llevada a cabo a través de los cauces establecidos por los secuestradores. Lo que nos lleva a concluir que el Gobierno español ha tenido poca iniciativa en el desarrollo de las operaciones, limitándose a recorrer la hoja de ruta marcada por los criminales. Tanto es así, que una de las decisiones aparentemente impulsadas desde el Gobierno, la captura judicial de dos piratas, introdujo un elemento a su disfavor en la correlación de fuerzas, que probablemente haya derivado en un aumento de la ganancia para el adversario pirata. En un partida de ajedrez, el Gobierno habría perdido por jaque mate.
Sigamos pensando. Por otro lado, si además de la liberación de los rehenes secuestrados consideramos otros objetivos estratégicos, como por ejemplo la prevención de futuros ataques, el saldo del análisis del escenario tampoco deja en buen lugar a nuestro Gobierno. Si una de las opciones tácticas hubiera sido efectuar el pago para después capturar o, directamente, enfrentarse militarmente a los piratas, la desfavorable correlación de fuerzas para nuestras posiciones algo se habría equilibrado. En un futuro, la piratería autóctona calibraría muy bien si conviene secuestrar un barco español para después enfrentarse a sus militares o, por el contrario, elegir como objetivo otra bandera que no los corra a tiros. En cambio, el resultado tan lucrativo de la operación para los piratas sugiere poco en pos del valor preventivo que el Gobierno ha sabido generar en la situación. Las informaciones que llegan de los pueblos somalíes en donde los clanes piratas tienen su residencia apuntan justamente a un reforzamiento de las operaciones piratas en el futuro. Es sencillo, secuestrar barcos españoles es una fuente de riqueza para poblaciones deprimidas, una fuente de riqueza con coste cero. Incluso, colocando a dos muchachos del clan en una cárcel española donde estarán mucho mejor que en la desfavorecida tierra donde nacieron.
Existe una tercera alternativa táctica si pensamos que entre los objetivos estratégicos del Gobierno no sólo estaba liberar a los rehenes sino prevenir futuros ataques de la piratería. Esa alternativa es la policial-penal. Sin embargo, es tan improbable, de una efectividad tan insustancial y de una puerilidad tan evidente que da miedo hasta reflexionarla. Haberla considerado por parte de los planificadores españoles de la crisis significaría que se ha sufragado el rescate y permitido, hasta cierto punto, escapar a los piratas porque se va a seguir el rastro del dinero, bloquear las cuentas de los intermediarios y los piratas, recuperar el dinero, perseguir policialmente a los autores, cómplices y encubridores en medio de África y ponerlos, por fin, a disposición de la justicia española. Algunas declaraciones tras la liberación de la tripulación del 'Alakrana' parecían sugerir tal posibilidad, pero tampoco hay que descartar que fueran fruto de las comprensibles burbujas del momento. Si alguien ha creído que, a estas alturas, puede recuperarse algo de ese dinero o que la justicia penal española es disuasoria en un escenario de piratería de un Estado fallido como el somalí, es que o bien el genio militar brilla por su ausencia o bien que la supeditación clausewitzana de la estrategia a la política es incompatible con la capacidad de nuestros gobernantes de concentrarse en un objetivo estratégico compuesto -por contraposición a simple-. El chalé que se va a construir Hussein Badmax nos ilumina con nitidez la segunda de las opciones.
Lo que parece revelar el desenlace es que nuestros militares han sido tan escuchados en este caso como si les hubieran pedido la opinión de cómo decorar los jardines de La Moncloa. A la recomendación militar de no arrestar a los dos piratillas que salían del barco en pleno secuestro, porque incrementaría el riesgo de los rehenes o al menos incrementaría la cuota del rescate, la respuesta fue no sólo detenerlos sino encausarlos penalmente y alojarlos en nuestras penitenciarías. Ahora ya es tarde para soltarlos. También es muy tarde para que nuestros helicópteros de la Armada disparen a los piratas más que para evitar que otros nuevos piratas intentaran abordar de nuevo el atunero vasco. Estos helicópteros han ahorrado a no se sabe quién otros cuatro millones de dólares.
Una última alternativa traída por los pelos es que la estrategia preventiva del Gobierno contra la piratería se inició el mismo día que el 'Alakrana' fue secuestrado, incluso antes. Esta estrategia consistiría en dos fases: la primera e inmediata era promover un cambio legislativo para armar con vigilantes jurados de guerra a los pesqueros españoles, previniendo así futuros secuestros; la segunda, pagar el rescate, y así salvar a los tripulantes secuestrados. Ambos objetivos estratégicos cumplidos. Y aplicando seguridad civil y no defensa militar. Quizás en este último punto está la clave. Tal vez España acabe siendo como Panamá, que ha renunciado al ejército y a lo militar. He estado observando con mucha concentración los rostros de nuestros gobernantes para encontrar un brillo brutal de inteligencia que me convenciera de esa capacidad visionaria necesaria para planear y ejecutar, con pulso y precisión, esta última estrategia preventiva integrada y no me ha parecido divisarlo. ¿Ustedes qué creen? 1) ¿Que quienes han gestionado esta crisis son tan listos como para anticipar esta última estrategia preventiva integral de seguridad civil? 2) ¿Que se han contentado con el objetivo estratégico de liberar a los rehenes? 3) ¿Que piensan que los van a arrestar en África y finalmente juzgar a los criminales en la Audiencia Nacional?
Andrés Montero Gómez, EL DIARIO VASCO, 20/11/2009
Recomendar a un amigo el artículo
Imprimir este artículo
|
|
|